En un lugar frágil, lleno de vidrios, sangrando contstantemente bajo el tañido de la campana de autocomplacencia, ajustando sus correas entre sí, siguiendo patrones conductuales, hasta peinados que se ajustan al estereotipo, ropas, miedo de mostrarse en pelotas, de sentirse que los ven, porque ahora esas tetas alimentan las guaguas de la complacencia, del contacto limitado y subordinado a la conveniencia. Inventando fortaleza radicada en historia no superada, llorando a escondidas el honor y orgullo, arrastrando con porfía los pies, agachando la cabeza esperando ser dignos de la oportunidad. Cada ladrillo en la torre fue usada para lanzarlo contra el que les pateó la raja esperando que se levantaran y miraran al cielo; las alas cortadas por la sonrisa falsa, jugando a la reina de corazones, jugando al príncipe valiente, adolorido y lleno de resentimiento sobre sí mismo, haciéndose el lindo, tomando lo que vale para otros y nunca usando sus propias manos, imitando pensamientos y acciones, copiando imagen, calcando la forma e ignorando el fondo, predicando sobre sus perfecciones obtusas y malolientes, robadas del muerto. No se mueve. No crece. Fertilizó hectáreas de puto pino que acidifica el suelo fértil. Todos son buenos, todas son buenas, moral de mall. ¿Quien comete errores? ¿Quién acá es suficientemente hombre o mujer para decir "acá estoy, dispárame"? No reconozco enemigos, sólo alimañas. Ninguna de mis botas merece esa mugre en su suela. Desprecio infinitamente esas parábolas de positivismo abstracto, subjetivo, la moda de ser bueno, de tener los valores del momento. Resientes el sexo que te hace feliz como vomitas el alcohol que te hizo predecir el suelo a la cara. Fue el otro, la otra. Siempre hay alguien allá. Vi mi cara y mi reflejo en el espejo que tengo dentro, lleno de polvo. Lo limpié y me miré a la cara. Ese monstruo de mierda, esa escoria y basura, acosador, molestoso, odioso, arrogante, pomposo, degenerado, vil, obtuso, demonio, iracundo, concreto, lógico cuando esperas emociones, emocional cuando esperas lógica, jactancioso, dolido, errante, vagabundo, estúpido, demasiado inteligente para sobrevivir, demasiado tonto para sobresalir, y lo vi, delante mío.
Polvo hecho de las lágrimas de sus dolores, de quienes suponíamos debimos reflejarnos mutuamente, el otro, el primer otro, el otro otro y el otro de compañía. Lo vi, lo acepté, lo desafié y lo abracé. Porque la mierda que soy ahora es lo que he sido siempre, acá, disparen, apunte, rían, jueguen pelen, cawineen, destripen, juzguen, consideren, acusen, mientan, usen, abusen, lloren. Sobre todo lloren. Nunca han visto la verdad, nunca han visto su verdad. Duele. Por eso lloren. Apunta de nuevo. Sin coraza, es mi piel. Mi piel es hierro. Mis alas son huracán. El desierto no engaña con un espejismo, son tus ojos. Ciérralos para poder ver. Invéntense una imagen. Nadie escoge su nombre. NecroAngel fue como me llamaron, quien me vio realmente, por un minuto. Y no le gustó lo que vio. Lo acepté solamente. Necro me llamaron. Así respondí. No eres "La reina de la naturaleza", ni "El que camina en la sombra", tampoco eres el "artista del sexo" o "el cuervo de la noche oscura".
No eres sarcasmo, eres copia. No eres héroe, eres hormiga. No hay alter ego. Hay mentira. Lo que quieres ser. No hay influencia, es lo que quieres ser. Y son imágenes. Sólo eso. Imágenes. A quien le copias. Porque eres incapaz de recibir los puñetazos. He visto a quien vio en las runas su nombre, le reconozco, ha peleado y tiene honor, es el que desprecia y ama, combate y gane o pierda, sigue. He visto a quien ha mirado su sombra en la nieve y la enfrentó, la miró, y le persigue; no la sombra si no la textura. Y aún vive, sale a flote. He visto al coloso de piedra con el pecho descubierto y el fuego ardiendo a pesar de la lluvia, inmortal como un cangrejo. He visto al oráculo cosechando su propia sonrisa. He visto otro dragón conciliar un sueño, ávido de quemar.
Júzgame por la experiencia, juzgame por la mugre y el hálito vesubiano. Escribiré tu epitafio con edulcorantes. En una tumba de plástico; tus símbolos de goma, tu moralista y delgada cara vestida con velos de falsa libertad, tus muertes provocadas y tus úlceras del robo.
No con mi sangre. No tengo tiempo para veros caer, ni mi morbo llena ese vacío crepuscular de tu mirada perdida.
Porque están los que culpan al otro, los que tapan sus errores con mentiras, los que asumen una culpa, y los que llevamos nuestra mierda como una insignia.
Volveré de la tumba como lo he hecho antes. No hay suficiente ron en la tierra ni tabaco entre las raíces para mantenerme dentro.
ΚΑΤΑ ΤΟΝ ΔΑΙΜΟΝΑ ΕΑΥΤΟΥ
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